Ponte primero
Te pasas el día buscando la aprobación de todo el mundo a cada acto que haces, necesitas unas palmaditas en la cabeza que te hagan saber que todo lo que haces es correcto y te has vuelto adicta a eso, eres adicta a la aprobación de los demás sobre cada aspecto de tu vida.
Te obsesiones con la mínima felicidad que encuentras y la acabas destruyendo intentado exigir más de lo que puedes conseguir, tu felicidad depende de todo lo externo en vez de ti, condicionas tu felicidad por el resto de gente y que cantidad de amor recibes de ellos, te vuelves dependiente de la gente sin darte cuenta destrozando-te por dentro cada vez que te tratan diferente o no te dan todo el amor que les exiges, porque agobias a la gente intentando que ellos cubran tu falta de autoestima, pero solo alejas a todos de ti aumentado tu soledad, dejando crecer el vacío de tu interior en vez de luchar por ti y y tu felicidad, por ser mejor cada día, por convertirte en la mejor versión de ti.
Abre los ojos y ve, que tú eres el motivo por el cual la gente se aparta, porque no puedes exigir una atención constante tan elevada a todo el mundo ya que no siempre van a ser capaces de darte ese cariño que tú necesitas o quizá no sean capaces de hacer aquello que tú tanto necesitas de ellos.
Empieza a amarte a ti y luego permite a los demás amarte, sana tus heridas y rellena tu vacío con verdaderos motivos para seguir hacia delante, para ser capaz de levantarte a diario con una sonrisa y que llegue el día que puedas abrirte a alguien sin miedo a que alguno acabe dañado o huyan de tu lado por no ser capaces de ser aquello que necesitas.
Ponte a ti primero de una vez, deja de hacer que todo el mundo sean los motivos por los que eres quien tú eres, conocete y descubre quien eres en realidad, no la persona en la que te conviertes diariamente con la esperanza de que todo el mundo te acepte y siempre estén a tu lado, por el simple echo de que crees que si muestras quien eres todo el mundo a tu alrededor se irá, pues dejame decirte que mucha gente desparecerá pero quien te quiere tal y como eres siempre estará a tu lado y llegará gente nueva que ya no corte tus alas, si no que se convierta en el viento que las impulse a volar.
Te obsesiones con la mínima felicidad que encuentras y la acabas destruyendo intentado exigir más de lo que puedes conseguir, tu felicidad depende de todo lo externo en vez de ti, condicionas tu felicidad por el resto de gente y que cantidad de amor recibes de ellos, te vuelves dependiente de la gente sin darte cuenta destrozando-te por dentro cada vez que te tratan diferente o no te dan todo el amor que les exiges, porque agobias a la gente intentando que ellos cubran tu falta de autoestima, pero solo alejas a todos de ti aumentado tu soledad, dejando crecer el vacío de tu interior en vez de luchar por ti y y tu felicidad, por ser mejor cada día, por convertirte en la mejor versión de ti.
Abre los ojos y ve, que tú eres el motivo por el cual la gente se aparta, porque no puedes exigir una atención constante tan elevada a todo el mundo ya que no siempre van a ser capaces de darte ese cariño que tú necesitas o quizá no sean capaces de hacer aquello que tú tanto necesitas de ellos.
Empieza a amarte a ti y luego permite a los demás amarte, sana tus heridas y rellena tu vacío con verdaderos motivos para seguir hacia delante, para ser capaz de levantarte a diario con una sonrisa y que llegue el día que puedas abrirte a alguien sin miedo a que alguno acabe dañado o huyan de tu lado por no ser capaces de ser aquello que necesitas.
Ponte a ti primero de una vez, deja de hacer que todo el mundo sean los motivos por los que eres quien tú eres, conocete y descubre quien eres en realidad, no la persona en la que te conviertes diariamente con la esperanza de que todo el mundo te acepte y siempre estén a tu lado, por el simple echo de que crees que si muestras quien eres todo el mundo a tu alrededor se irá, pues dejame decirte que mucha gente desparecerá pero quien te quiere tal y como eres siempre estará a tu lado y llegará gente nueva que ya no corte tus alas, si no que se convierta en el viento que las impulse a volar.

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